Dolor de rodilla al subir escaleras: opciones antes de la cirugía
Muchas personas notan el primer aviso de la rodilla en el mismo sitio: la escalera del portal, el metro o el andén del tren. Subir cuesta, bajar molesta todavía más y, con el tiempo, uno empieza a buscar el ascensor. Ese dolor no significa automáticamente que haga falta una operación. En este artículo repasamos por qué aparece, qué medidas sencillas suelen ayudar y qué tratamientos sin cirugía se plantean hoy antes de hablar de prótesis.
Por qué la rodilla duele justo en las escaleras
Al subir un escalón, la rodilla soporta varias veces el peso del cuerpo y la rótula se apoya con fuerza sobre el fémur. Al bajar, el cuádriceps trabaja frenando el movimiento, y esa carga es la que más delata un cartílago desgastado o un tendón irritado. Por eso la escalera suele ser el primer lugar donde se nota un problema que en terreno llano todavía pasa desapercibido.
Las causas más frecuentes son:
• desgaste del cartílago, es decir, artrosis de rodilla o gonartrosis, sobre todo a partir de los 45 o 50 años;
• dolor femoropatelar, típico de personas activas y de quien pasa muchas horas sentado;
• lesiones o degeneración del menisco, que a veces dan chasquidos o sensación de bloqueo;
• inflamación de la articulación, con hinchazón y calor.
La forma del dolor da pistas. Si molesta delante de la rodilla y empeora tras estar sentado mucho tiempo, suele apuntar a la rótula. Si duele en la parte interna y hay rigidez por la mañana que cede en pocos minutos, es más típico del desgaste. Si la rodilla se hincha, se pone caliente o duele también en reposo y de noche, conviene consultar pronto, porque puede tratarse de un proceso inflamatorio que requiere otro enfoque.
Lo que puede hacer en casa desde esta semana
Mientras llega la cita médica, hay medidas sencillas que suelen aliviar la carga sobre la rodilla. No sustituyen el diagnóstico, pero ayudan a no empeorar y a llegar a la consulta con información útil.
En la escalera, la regla clásica funciona: se sube con la pierna sana y se baja con la pierna que duele, apoyándose en la barandilla. Subir escalón a escalón, sin prisas, reduce la presión sobre la rótula. Si en casa hay escaleras, conviene concentrar las subidas y no hacer viajes innecesarios.
Otros hábitos que merecen la pena:
• caminar a diario en llano, en tramos cortos, en lugar de dejar de moverse;
• frío local 15 minutos después de un esfuerzo si la rodilla se inflama;
• evitar sentarse en sillas muy bajas y cruzar las piernas durante horas;
• anotar cuándo duele, cuánto y qué actividad lo provoca.
Los analgésicos y antiinflamatorios de venta libre pueden ayudar de forma puntual, pero no deberían tomarse durante semanas sin supervisión, sobre todo si hay problemas de estómago, riñón o tensión arterial. Si la rodilla falla, se bloquea o se hincha de repente, no espere a ver si mejora sola.
Fisioterapia, peso y calzado: la base de cualquier tratamiento
Cualquier traumatólogo le dirá lo mismo: el tratamiento de la rodilla empieza por el músculo. Un cuádriceps y unos glúteos fuertes absorben parte de la carga que hoy recibe el cartílago. Un buen programa de fisioterapia incluye ejercicios isométricos, trabajo de equilibrio y, poco a poco, ejercicios de subir escalón controlados. Los resultados suelen notarse tras varias semanas de constancia, no en unos días.
El peso corporal influye de forma directa. Cada kilo de más se multiplica en la rodilla al subir escaleras, así que incluso una pérdida moderada de peso suele reducir las molestias. La bicicleta estática, la natación y el aquagym permiten moverse sin impacto mientras se trabaja en ello.
El calzado también cuenta. Una suela que amortigüe, un tacón bajo y estable y, si el médico lo indica, plantillas adaptadas pueden cambiar la forma en que la carga llega a la rodilla. En algunas personas una rodillera blanda da seguridad en los paseos largos, aunque no conviene llevarla todo el día. Estas medidas son la base y siguen siendo necesarias aunque más adelante se añadan infiltraciones u otros tratamientos.
Infiltraciones y terapia regenerativa: qué aportan
Cuando el ejercicio y los cambios de hábitos no bastan, el siguiente paso suele ser una infiltración. Los corticoides pueden calmar un brote inflamatorio, pero no se recomiendan de forma repetida. El ácido hialurónico busca mejorar el deslizamiento de la articulación. En los últimos años se han sumado técnicas regenerativas que utilizan material del propio paciente.
El plasma rico en plaquetas, o PRP, se obtiene de una pequeña cantidad de sangre del paciente y contiene factores de crecimiento; se inyecta en la articulación para ayudar a calmar la inflamación y crear mejores condiciones para la reparación del tejido. La fracción vascular estromal, o SVF, se aísla de una pequeña muestra de grasa y se combina con el plasma cuando los cambios en la articulación son más marcados.
City Medical Centre, una clínica de Moscú que atiende a pacientes internacionales, describe en su página sobre tratamiento de rodilla sin cirugía para pacientes de Madrid cómo realiza estas inyecciones bajo control ecográfico, en un solo día y sin muletas ni ingreso. Según la misma clínica, el dolor suele disminuir durante el primer mes y el efecto completo se desarrolla en torno a los seis meses. Estas técnicas funcionan mejor en fases iniciales y moderadas, y la decisión corresponde siempre al médico tras revisar las pruebas.
Cuándo pedir cita y qué preparar para la consulta
Conviene pedir cita si el dolor en las escaleras dura más de dos o tres semanas, si ya limita su día a día o si aparece alguno de estos signos: hinchazón, calor, bloqueo, sensación de que la rodilla falla o dolor nocturno. Una caída o un giro brusco con dolor inmediato también justifica una revisión sin demora.
Para que la consulta sea útil, lleve preparado:
• una descripción breve de cuándo empezó y qué lo empeora;
• las radiografías, resonancias o ecografías que tenga, con sus informes;
• la lista de medicamentos que toma y sus enfermedades crónicas;
• lo que ya ha probado y cómo le ha funcionado.
Hay situaciones en las que las inyecciones regenerativas no se hacen: cáncer, embarazo y lactancia, trastornos de la coagulación, infecciones agudas, enfermedades graves de corazón, riñón o hígado. Una fiebre o un resfriado obligan simplemente a aplazar el procedimiento. Si le han dicho que la única salida es la prótesis y tiene dudas, una segunda opinión con las pruebas en la mano es un paso razonable. Lo importante es no normalizar el dolor: cuanto antes se identifica la causa, más opciones conservadoras quedan sobre la mesa.
