Grados de artrosis de rodilla: síntomas y tratamiento en cada fase
En un informe de radiografía de rodilla es habitual encontrar frases como «gonartrosis grado II» o «pinzamiento articular moderado». Para el paciente, esas palabras suelen generar más dudas que respuestas: ¿es grave?, ¿tiene arreglo?, ¿acabaré operándome? La artrosis de rodilla avanza por fases, y cada una tiene opciones de tratamiento distintas. Entender en qué punto está su rodilla le ayuda a hablar con el médico de igual a igual.
Cómo se clasifica la artrosis de rodilla
La escala más usada en traumatología es la de Kellgren y Lawrence, que se basa en la radiografía y distingue cuatro grados. El médico observa tres cosas principales: si el espacio entre los huesos se ha estrechado, si han aparecido osteofitos, que son pequeños crecimientos óseos en los bordes, y si el hueso bajo el cartílago se ha endurecido o deformado.
Conviene saber dos cosas antes de leer su informe. La primera: la radiografía no muestra el cartílago directamente, sino el hueco que deja. Por eso, en fases tempranas, la resonancia magnética puede aportar más información sobre el cartílago, el menisco y los ligamentos. La segunda: el grado radiológico no siempre coincide con el dolor. Hay personas con un grado avanzado que caminan bastante bien y otras con cambios leves que tienen molestias importantes.
Por eso el tratamiento no se decide solo con la imagen. El médico combina el grado con sus síntomas, su edad, su actividad, su peso y la forma de la pierna, porque unas piernas arqueadas, por ejemplo, cargan más el compartimento interno de la rodilla. El grado es una orientación, no una sentencia, y sirve para elegir el tipo de tratamiento más razonable en cada momento.
Grado 1 y 2: cuando el cartílago empieza a desgastarse
En el grado 1 los cambios son dudosos o mínimos: quizá un osteofito incipiente y un espacio articular prácticamente normal. En el grado 2 ya se ven osteofitos claros y un posible estrechamiento leve. Los síntomas típicos son rigidez al levantarse de la silla, molestias al empezar a caminar que ceden al calentar y dolor tras un esfuerzo largo, como una excursión o muchas escaleras.
Esta es la fase con más margen de maniobra. Lo que suele recomendarse:
• ejercicio de fuerza para cuádriceps y cadera, varias veces por semana;
• control del peso, porque la carga sobre la rodilla se reduce con cada kilo perdido;
• actividad de bajo impacto, como bicicleta, natación o caminar en llano;
• calzado con buena amortiguación.
En estas fases también se plantean infiltraciones con plasma rico en plaquetas. El PRP se obtiene de la propia sangre del paciente y se utiliza a menudo en la artrosis leve, porque ayuda a calmar la inflamación y mejora las condiciones para la reparación del tejido. Actuar ahora no detiene el paso del tiempo, pero puede ralentizar el desgaste y mantener la rodilla funcional durante más años.
Grado 3: dolor frecuente y rigidez
En el grado 3 hay varios osteofitos, un estrechamiento claro del espacio articular y cambios en el hueso. El dolor aparece con más frecuencia, a veces también en reposo, y la rodilla puede hincharse tras la actividad. Cuesta flexionarla del todo, arrodillarse se vuelve difícil y bajar escaleras exige apoyarse en la barandilla.
En esta fase, la fisioterapia y el control del peso siguen siendo imprescindibles, pero suelen necesitar apoyo. Además de las infiltraciones clásicas, algunas clínicas combinan el PRP con la fracción vascular estromal, o SVF, que se obtiene de una pequeña muestra de grasa del propio paciente. City Medical Centre, en Moscú, explica en su información sobre el tratamiento de la artrosis para pacientes de Barcelona que recurre a la SVF cuando los cambios en la articulación son más marcados y se busca un efecto más duradero, sobre todo en fases iniciales y moderadas.
Según la clínica, la grasa se extrae con anestesia local por una pequeña punción, sin puntos, y las inyecciones se hacen bajo control ecográfico en un único día. Las revisiones se programan al mes, a los tres y a los seis meses. Si su rodilla está en grado 3, merece la pena preguntar si todavía es candidato a este tipo de tratamiento antes de dar el paso a la cirugía.
Grado 4: cuándo la prótesis es la opción realista
En el grado 4 el espacio articular prácticamente ha desaparecido, los osteofitos son grandes y el hueso está deformado. La pierna puede haberse arqueado hacia dentro o hacia fuera, el dolor limita caminar incluso distancias cortas y el descanso nocturno se resiente.
En esta fase hay que ser honesto: las inyecciones regenerativas tienen poco que ofrecer cuando ya no queda cartílago sobre el que actuar. Un buen médico se lo dirá con claridad, aunque sea el mensaje que menos apetece oír. La prótesis de rodilla, total o parcial, es entonces la opción más realista para recuperar movilidad y calidad de vida.
Eso no significa que haya que operarse de inmediato. Hay personas que, por su salud general, prefieren o necesitan esperar, y en ese caso el objetivo es controlar el dolor y mantener la fuerza muscular para llegar a la cirugía en las mejores condiciones. Lo que conviene evitar es lo contrario: aceptar una prótesis sin que nadie haya revisado si la rodilla está realmente en grado 4. Si el informe es ambiguo o las imágenes son antiguas, pedir nuevas pruebas o una segunda opinión es perfectamente razonable.
Cómo saber en qué grado está su rodilla
El grado solo lo puede establecer un médico con pruebas de imagen. Lo habitual es una radiografía de ambas rodillas en carga, es decir, de pie, porque así se ve el espacio real entre los huesos cuando la articulación soporta peso. La resonancia se añade cuando se sospecha una lesión de menisco o se quiere valorar mejor el cartílago.
Antes de la consulta, le será útil reunir:
• radiografías y resonancias recientes, con los informes;
• una descripción de sus síntomas: desde cuándo, cuándo empeoran, si hay hinchazón;
• los tratamientos que ha seguido y su resultado;
• sus enfermedades y medicamentos habituales.
Muchas clínicas, también fuera de España, aceptan revisar las imágenes a distancia antes de una cita. City Medical Centre, por ejemplo, ofrece una primera consulta y una revisión de las pruebas gratuitas, también en línea. Hay contraindicaciones para los tratamientos con inyecciones, como cáncer, embarazo, trastornos de la coagulación o infecciones activas, que el médico debe valorar primero. Conocer su grado de artrosis no es un fin en sí mismo: es la forma de elegir un tratamiento proporcionado a lo que de verdad le ocurre a su rodilla.
